enero de 1962
El gran temor es la habla maligna y corrosiva, la trama de nuestra existencia la lleva entrecruzada que instiga la ira, la vanagloria y la agresión. Es la base de la culpa sensiblera y la depresión paralizadora.
A lo único que tenemos que temer es al miedo mismo. Aunque una gota de él es punto de partida del escalón hacia la prudencia y el respeto hacia los otros.
Las lecciones que nos dieron el temor nos pueden conducir a valores positivos.
Liberarnos es una empresa para toda la vida.
La vanidad y la presunción tienen sus raíces en temores no explicitados.
jueves, 24 de abril de 2008
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