Los gatos son de esos seres que, si no existieran, habría que inventar.
En realidad, ello puede decirse de los felinos en general, no sólo del gato doméstico. Leones, tigres, leopardos, pumas (animales todos bastante similares, a pesar de sus diferencias), todos ellos tienen características que los hacen especiales.
Debe haber pocas criaturas ―si es que acaso hay alguna― con la gracia y la elegancia de los miembros de la familia Felis. En reposo o en movimiento, la contemplación de un gato, grande o pequeño, es un placer estético.
Y en el caso de los domésticos, a ello se agrega la maravillosa posibilidad de tenerlos con uno. Es cierto que hay quienes conviven con tigres, por ejemplo, pero no es lo más frecuente. La inmensa mayoría de los ailurófilos (si puedo acuñar un término) compartimos nuestro hábitat con algún gato de la variedad más compacta. Y ello nos permite descubrir y disfrutar de características que la así llamada “sabiduría popular” no les reconoce a estos bichos únicos, cuando no les atribuye los más disparatados defectos.
Quienes tenemos la suerte de albergar uno o más gatos, sabemos que son afectuosos y demostrativos, por ejemplo, a pesar del lugar común de que son fríos y distantes.
Nos consta también que debe haber pocas estulticias del calibre de la que afirma que son traicioneros.
Sabemos por experiencia que pocas cosas hay más placenteras que ver jugar a un gato de corta edad.
Y los más compasivos de nosotros pensamos, a veces, en la desgracia de esos desdichados incapaces de advertir la inmensa suerte y el muchas veces inmerecido privilegio que es el que un gato condescienda a permitirnos compartir su espacio.
Guillermo Vicéns. Escrito para un trabajo que justificara la elección del tema gatos para un liceo de ciclo básico con estudiantes habitantes de asentamientos precarios.
Guillermo es uno de esos hombres que dejó cuatro meses de su vida para ser madre de una gatita tirada al momento de nacer. La veterinaria, que lo asesoró a regañadientes, la daba por muerta. La luz de los ojos de esta felina adulta, alumbra la esperanza de los desahuciados. Guillermo escribió con simpleza porque creyó que yo lo iba a adosar al trabajo como mío.
viernes, 3 de julio de 2009
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