La autonomía perdida:
La Proletarización del Profesorado[1]
El safari a través del mundo desconocido y aún por descubrir en el que vivimos puede comenzar.
Ulrich Beck
Dentro de las tres concepciones desarrolladas en el libro “La autonomía del profesorado”, a saber, el experto técnico, el profesional reflexivo y el intelectual crítico, desarrollo sólo la primer postura. En las discusiones e intercambios que se han generado en el espacio de aula de Pedagogía II, esta actitud, que generan los partidarios de la eficacia, eficiencia y producto, se ha introducido tenazmente en nuestro contexto y el abismo con nuestra postura nos deja sin herramientas conceptuales para defendernos de las medidas de control y supervisión a las que nos veremos expuestos en las instancias de evaluación una vez que hagamos efectiva nuestra actividad docente.[2]
El tema de la profesionalización de la labor docente responde a una manera de ver el mundo, encubridora de una estrategia para nada inocente resultante de la confrontación y el resultado del juego de fuerzas desiguales, pues quien detenta el poder es el que acumula capital financiero, comprando y construyendo nuevas formas de conocimiento que lo legitiman.
Es el deseo y anhelo de mayor autonomía[3] e identidad frente a control ideológico de la experiencia y competencia, con el consabido desbaratamiento de la autonomía y el desconcierto y desorientación de su propia concepción de hombre, de mundo, de permanencia y de cambio.
La discusión referente a la proletarización del profesorado se concentra, sobre el análisis marxista, en el colectivo docente y en la transformación de las condiciones laborales.
Los principios de organización metódica–científica del trabajo, la racionalidad técnica en la producción obrera, llevada al campo educativo por el Estado con la misma lógica capitalista de acumulación y legitimación, promueve, como veremos, una autonomía ilusoria.
Este proceso tendiente a garantizar el control sobre el proceso productivo, causa que la faena sea subdividida en actos repetitivos, rutinarios, simples y aislados dramáticamente de la concepción. El obrero sufre la descalificación así como la pérdida de la configuración del conjunto y las habilidades y destrezas, lo que redunda en el detrimento de control sobre su trabajo y su posibilidad de resistencia, comprometida en la alienación– descualificación.
Las decisiones sólo pasan en la esfera de los versados técnicos especialistas y la administración de la gestión empresarial.
La esfera pública se ve forzada por las presiones originadas en el terreno privado lucrativo. El Estado asume una doble encomienda reproductiva; de preparación de mano de obra con los requerimientos antepuestos y de generar un discurso legitimador de esa práctica sobre conceptos de eficacia y neutralidad tecnológica.
La formación de obreros, expertos y especialistas tecnócratas, exige la aplicación de instrumentos, técnicas y procedimientos con la misma energía que la emanada del mandato teórico de aplicación de reformas realizadas por expertos ajenos a la vida cotidiana de un centro educativo. Los docentes no deciden el hacer y trabajan con un currículum que no les es propio y en esa encomienda sólo es un asalariado burocratizado, a lo sumo un técnico en operaciones simples y prácticas.
Los postulados instrumentales son: separar el proyecto de la práctica y la puesta en práctica de la estandarización de un contenido, utilizable y práctico, dividido en módulos inconexos para su mejor cometido y control con evaluaciones prefijadas. Además de la desvalorización de todo trabajo crítico o intelectual, al estar ese cuerpo de docentes sumergido en tareas administrativas y prácticas, termina siendo mero ejecutor de leyes y principios de aprendizaje eficaz y portavoz de la jerga de gestión empresarial.
Las construcciones teóricas, metodológicas y técnicas, de las que hacen usos los docentes, son extrapoladas de otros contextos por especialistas de escritorio, formuladas desde una lógica asociacionista de causal efecto y los fines se encuentran prediseñados e implícitos. Este saber predice y opera con una lógica de subordinación y dependencia de la práctica docente, reafirmando la separación jerárquica entre investigadores y técnicos.[4]
Aumentan los sistemas de control sobre el trabajado secuenciado en tareas prediseñadas, con manuales y textos que traen preparada la intensificación del trabajo en quehaceres de aplicación práctica, cursos y cuestiones administrativas, harto extensas y complejas.
Los mecanismos de racionalización utilizan un discurso encantador, creíble y compartible, símil al léxico progresista del colectivo docente para contar con su apoyo incondicional, evitando, en esa cooptación, toda forma de oposición y resistencia al proceso reformista para la realización de las tareas que les son asignadas.
En esa intensificación del trabajo parece necesaria su capacidad técnica para llevar adelante dichos procesos. Esto les confiere la idea de ser autónomos en cuanto a las enseñanzas que imparten y la metodología que aplican, pero ante lo expuesto y el análisis que realiza José Contreras se puede llegar a la conclusión que esa pretendida y anhelada autonomía, es ilusoria.
Pero como todos los sistemas tienen brechas y espacios donde aflora lo humano, aunque los problemas previamente formulados permiten elegir entre los medios que mejor se adaptan; es en la práctica donde las situaciones son más complejas, multifactoriales, únicas, dilemáticas e imprevistas, que las presentadas en un manual técnico.
Para definir y determinar el problema en un contexto concreto a veces las respuestas son provisionales o singulares. El docente debe recurrir a la imaginación, intuición, creatividad, improvisación; elementos que no se explican y no encajan dentro de la pretensión racionalista de la función asignada.
Si los técnicos optan por no apartarse del sistema de análisis y actuación de lo que es considerado científico y riguroso, pueden llegar a forzar la comprensión de las situaciones para que encajen en el esquema o tienden a negarse al análisis de lo que sobrepase lo entendido y finalmente limitan el contexto.
Ahora, si llegaran a sensibilizarse ante esta realidad más amplia, es posible que pierdan la estabilidad que les atribuía cierto bagaje técnico, pero existirá la apertura a lo complejo, inestable e incierto.
Hipótesis de trabajo.
La vida es acción, es movimiento incesante. Vive el que nunca llega, el que se propone ideales cada vez más lejanos, mientras se aproxima a cada uno de los que persigue.
José Ingenieros
Lo que una vez criticáramos del cientificismo y luego de la pedagogía de gestión, la extrapolación de conceptos generados en otros contextos, su universalización y aplicación arbitraria para medios con características disímiles, parece deslizarse en este análisis.
Es mi anhelo fundamentar que la investigación de Henry Giroux[5] sobre la pedagogía gestionaria, los estudios de los procesos de proletarización del profesorado en los países anglosajones y el ensayo de José Contreras desde el país más rico de África[6] sobre “La autonomía[7] del profesorado”, todas fuentes del Norte, son análogas a los procesos de los países sudamericanos. Pero no por los cambios en la imposición desde el sector industrial de procesos de racionalidad técnica[8], sino por el carácter reproductivo de las presiones que viven todos los Estados en los procesos más amplios de globalización, cuyas consecuencias pasaré a registrar brevemente.
La doctrina del capitalismo neoliberal contemporáneo promueve la acumulación económica sobre las condiciones de vida de las personas ya que maximiza la lógica de acumulación económica concentrándola en cada vez menos manos. “La utopía neoliberal es una forma de analfabetismo democrático”. [9]
El desarrollo de la tecnología ha permitido un incremento de la especulación financiera. La celeridad del traspaso de capitales de un lugar del mundo a otro desdibuja las fronteras nacionales y desestabiliza las economías. Estos capitales no provocan un crecimiento económico real y generalmente no se invierten en la esfera productiva sino en la especulativa (es la “economía de casino”[10]).
“El gran capital en busca de la ganancia y a favor de la competitividad y el mantenimiento de los mercados (…) reclama no contratos sociales, sino ‘flexibilidad’ en la contratación de los trabajadores, posibilidades de despido, reajustes de salarios, reducción de seguros, etc., además de ver en el desempleo elevado y estructural la facilidad para la sustitución de la fuerza de trabajo.”[11]
Hablo de vulnerabilidad en el sentido de enfriamiento del vínculo social que antecede a la fragmentación, precariedad del empleo y fragilidad del soporte familiar que afecta a un sector importante de nuestra sociedad que se sumerge en un círculo del que parece no tener salida.
Esto conlleva a la desestructuración de los ciclos de vida (Anne-Marie Guuillemard y de Xavier Gaulier) [12], cambian los tiempos para aprender, actuar y acumular garantías y derechos para llegar a una jubilación digna que ya no se presentan en una secuencia lineal. Se trata de la desestabilización y una mayor fragilidad de las redes de relaciones sociales y de la inserción social.
“La exclusión es lo que se encuentra al final de una cadena, es lo que nos encontramos, y nos encontraremos cada vez más, en la exacta medida en que se renuncie a actuar río arriba, en sus fuentes” [13]
La conciencia de la crisis no es total porque se toma como destino de cada uno de nosotros, nueva forma de falsa conciencia.
La crisis del mundo del trabajo y la destrucción progresiva de los sistemas de normas y de identidades, son los principales vectores de la nueva vulnerabilidad social.[14]
Es por estos motivos que se procede en ámbitos disímiles a perfeccionar la cadena de montaje ó la reorganización de las funciones de producción y de administración.
Estructurar los procesos productivos para hacerlos compatibles con la tecnología genera una reducción de los costos operativos, mayor producción y menor número de puestos de trabajo. Un nuevo criterio de gestión se ocupa de la reestructuración y la reingeniería empresarial en todos los ámbitos de producción.
Otro criterio que es necesario incluir es la noción de autonomía. El concepto de autonomía no se refiere exclusivamente a los actos individuales porque, cuando implica a otros, se torna en una acción con responsabilidad social dentro del contexto en que interactúa en un pacto colectivo de consentimiento.
Si bien el docente no pierde competencias, sino que desarrolla otras, esto lo convierte en víctima del control externo. Los problemas de la profesionalización se hacen aparecer como problemas individuales y jamás colectivos. Se introduce de esta manera tecnologías constitutivas de nuevas subjetividades.
La soledad, el aislamiento, la imposibilidad de crear espacios colectivos, reforzados por el entorno social donde prima la competencia, provoca que no se pueda identificar el problema en forma al menos local, lo que permitiría construir un nuevo modelo de sociedad en donde prime la toma de decisiones de carácter político.
La autonomía del profesorado debe contemplar el escenario político, intelectual y pedagógico. No sólo los aspectos de gestión o de regulación administrativa.
Pero bajemos a lo concreto y a lo que me implica directamente. En segundo año de la especialización en Comunicación Visual, en algunas asignaturas, los docentes a cargo esconden los presupuestos de los que parten para planificar una serie de actividades que se tornan en mandatos para los recetores.
A veces es peor; cooptados por determinados discursos y saberes, se quejan de la hipercriticidad de sus alumnos.
Pero como el que enseña también aprende en el proceso, conjugado con las fantasías de muerte y aniquilamiento del docente, puede llevar a un cambio en la sensibilidad de los pares, al entendimiento y a la apertura hacia lo inédito para darnos el lugar de empezar a construir.
[1] CONTRERAS, José D.. La autonomía del profesorado. Madrid, España. Morata. Capítulo I. 1997.
[2] Este trabajo está dedicado a Rodolfo Tizzi, docente de Historia, quien fue objeto de una calificación desfavorable por no cumplir con los requerimientos de una Inspectora que su única fuente era la tecnocrática, inspirada en temas relacionados con la gestión, producato y venta. Ella desconocía la asignatura que él imparte. Al recusar ese informe, recibió otra inspección de la que salió triunfante, haciendo como siempre del aula un espacio plausible de debate, crítica y reflexión.
[3] “(...) es la posibilidad de desarrollo de las cualidades esenciales de la práctica educativa” Capítulo cuatro de libro citado en 1.
[4] ALONSO, Gonzalo y otras. Segundo parcial de Pedagogía I. Instituto de profesores Artigas. mimeo. Montevideo, Uruguay. 2005.
[5] GIROUX, Henry. Los profesores como intelectuales: hacia una pedagogía crítica del aprendizaje. Editorial Paidós. Barcelona, España. 1990.
[6] Definición popular catalana de España que representa un puente de entrada de la corriente inmigratoria tercermundista y como pérdida de la identidad cultural, a la vez que emergen procesos de exacerbación y proliferación de regionalismos nacionalistas.
[7] De auto, y del griego nomos (norma) Libertad de gobernarse por sus propias leyes. Condición de una región provincia o municipios que disfruta de independencia en determinados aspectos dentro de un Estado al que pertenece. Independencia de un individuo para obrar con arreglo a su voluntad.Diccionario Enciclopédico. Larousse Universal. Tomo primero de seis. Libraire Larousse. París. 1968.
[8] Si bien es análoga la jerga de competencia y gestión en las organizaciones empresariales que patrocinan la incorporación activa en certificaciones de calidad, carecemos de una industria pesada, base de reproducción para la alineación del trabajo en la imposición de la racionalidad técnica.
[9] BECK, Ulrich. Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización. Paidós. Barcelona.
[10]VALDÉS, Félix. Ponencia presentada para el taller: Cuba: Desafíos ante la globalización. Universidad de la Habana. Instituto de Filosofía. 2-3 de mayo de 2000.
[11]VALDÉS, Félix. Ponencia: La globalización: una mirada desde la isla. Seminario: Globalización e interculturalidad: una mirada desde Latinoamérica. Universidad de Zulia, Maracaibo, Venezuela, 28-31 de marzo de 2000.
[12] CASTELLS, M. De la exclusión como estado a la vulnerabilidad como proceso. Revista Archipiélago número 19. España. 1995
[13] Ídem. 11.
[14] DE GAULEGAC, Vicent. La exclusión social.
miércoles, 24 de junio de 2009
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